El oc¨¦ano profundo situado por debajo de los 200 metros es el h¨¢bitat m¨¢s grande para la vida en la Tierra y el de m¨¢s dif¨ªcil acceso. El fondo marino, al igual que el medio terrestre, est¨¢ formado por cordilleras, mesetas, picos volc¨¢nicos, ca?ones y vastas llanuras abisales. Contiene la mayor¨ªa de los mismos minerales que encontramos en tierra, a menudo enriquecidos, as¨ª como minerales que son espec¨ªficos del oc¨¦ano profundo, como las costras de ferromanganeso y los n¨®dulos polimet¨¢licos.
La existencia de yacimientos de minerales en las partes m¨¢s profundas del oc¨¦ano se conoce desde la d¨¦cada de 1860. En el libro Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, el capit¨¢n Nemo anunci¨® que "en el fondo del mar existen minas de cinc, de hierro, de plata y de oro, cuya explotaci¨®n ser¨ªa ciertamente posible", y predijo que la abundancia de recursos marinos podr¨ªa satisfacer las necesidades de los seres humanos. Aunque ten¨ªa raz¨®n sobre la abundancia de los recursos, estaba muy equivocado acerca de lo f¨¢cil que ser¨ªa explotarlos.
En la d¨¦cada de 1960 se empez¨® a prestar especial atenci¨®n a los minerales de los fondos marinos tras la publicaci¨®n del libro del ge¨®logo estadounidense John L. Mero, titulado The Mineral Resources of the Sea, en el que afirmaba que el fondo del mar podr¨ªa convertirse en una fuente importante de suministro para satisfacer las necesidades minerales del mundo. Esto llev¨® a su vez al Embajador de Malta, Arvid Pardo, a pronunciar un discurso ante la Primera Comisi¨®n de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el que pidi¨® que los recursos de los fondos marinos se consideraran "patrimonio com¨²n de la humanidad" y en el que inst¨® a la creaci¨®n de un sistema de reglamentaci¨®n internacional para impedir que los pa¨ªses tecnol¨®gicamente avanzados colonizaran los fondos marinos y monopolizaran estos recursos en detrimento de los pa¨ªses en desarrollo.
El ambicioso enfoque del Embajador Pardo, fiel al esp¨ªritu de los a?os sesenta, se convirti¨® en un importante factor impulsor de los esfuerzos de las Naciones Unidas por elaborar un r¨¦gimen amplio para la gobernanza de los oc¨¦anos entre 1967 y 1982. En 1970 la Asamblea General aprob¨®, en su resoluci¨®n 2749 (XXV), la Declaraci¨®n de Principios que Regulan los Fondos Marinos y Oce¨¢nicos y su Subsuelo Fuera de los L¨ªmites de la Jurisdicci¨®n Nacional, que destinaba el fondo marino exclusivamente a usos pac¨ªficos. Siguiendo el consejo de Pardo, la Asamblea declar¨® tambi¨¦n que los recursos minerales del fondo marino son "patrimonio com¨²n de la humanidad" y deben aprovecharse en beneficio de la humanidad en su conjunto mediante la creaci¨®n de un mecanismo internacional a tal fin.
Despu¨¦s de la euforia inicial de los a?os setenta, la ca¨ªda de los precios mundiales de los metales, combinada con un acceso relativamente f¨¢cil a los minerales en el mundo en desarrollo, hizo perder inter¨¦s por la explotaci¨®n minera de los fondos marinos.
Tuvieron que transcurrir otros 24 a?os para que el mecanismo propuesto por la Asamblea General se materializara en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, organizaci¨®n aut¨®noma dentro del sistema com¨²n de las Naciones Unidas que tiene su sede en Kingston (Jamaica). Todos los Estados partes en la Convenci¨®n de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) de 1982 son miembros de la Autoridad, compuesta por un total de 168 miembros, entre ellos la Uni¨®n Europea. La Autoridad es una de las tres instituciones internacionales establecidas por la CNUDM; las otras dos son la Comisi¨®n de L¨ªmites de la Plataforma Continental y el Tribunal Internacional del Derecho del Mar. Su funci¨®n principal es regular la exploraci¨®n y la explotaci¨®n de los recursos minerales de los fondos marinos que se encuentran en "la Zona", que la Convenci¨®n define como los fondos marinos y oce¨¢nicos y su subsuelo fuera de los l¨ªmites de la jurisdicci¨®n nacional, es decir, fuera de los l¨ªmites exteriores de la plataforma continental. La zona comprende un poco m¨¢s del 50% de todo el fondo marino de la Tierra.
Hoy, tras decenios de situaci¨®n "en suspenso", se ha renovado el inter¨¦s del sector privado y de los Gobiernos por el potencial que ofrece la explotaci¨®n comercial de los minerales marinos. El principal factor impulsor de este nuevo inter¨¦s es una combinaci¨®n de los avances tecnol¨®gicos en la extracci¨®n y tratamiento de los recursos minerales del mar y el aumento de la demanda a largo plazo de minerales, suscitada por la globalizaci¨®n y por la industrializaci¨®n del mundo en desarrollo. Los yacimientos de minerales terrestres est¨¢n sometidos a una presi¨®n cada vez mayor debido a la necesidad de atender a una poblaci¨®n mundial en continuo crecimiento, a una clase media en expansi¨®n que est¨¢ impulsando la urbanizaci¨®n y a la necesidad de contar con infraestructuras renovables y con bajas emisiones de carbono. Los yacimientos de minerales de mayor calidad y f¨¢cil extracci¨®n est¨¢n disminuyendo r¨¢pidamente. Aunque es probable que existan nuevos recursos en yacimientos terrestres subterr¨¢neos a gran profundidad o en lugares remotos, su explotaci¨®n minera requerir¨¢ grandes cantidades de energ¨ªa y tendr¨¢ importantes consecuencias sociales y ambientales. El aumento del reciclado de metales proporcionar¨¢ cierto alivio, pero nunca ser¨¢ suficiente para satisfacer el crecimiento previsto de la demanda a largo plazo. Los recursos minerales de los fondos marinos podr¨¢n por tanto contribuir, probablemente cada vez m¨¢s y de forma m¨¢s significativa, al desarrollo sostenible, en especial en los pa¨ªses que carecen de fuentes seguras de suministro en tierra y en los peque?os Estados insulares en desarrollo, donde no hay oportunidades de desarrollo econ¨®mico.
El inter¨¦s comercial se concentra actualmente en tres tipos de yacimientos de minerales marinos. Hay n¨®dulos polimet¨¢licos en todo el oc¨¦ano; se encuentran en el fondo marino en las llanuras abisales y suelen estar parcialmente enterrados en sedimentos de grano fino. Los n¨®dulos contienen una amplia variedad de metales como manganeso, hierro, cobre, n¨ªquel, cobalto, plomo y cinc, y peque?as aunque apreciables concentraciones de molibdeno, litio, titanio y niobio, entre otros. La zona de inter¨¦s comercial m¨¢s estudiada es la de Clarion-Clipperton en el Pac¨ªfico Oriental, que se encuentra a profundidades de entre 3.500 y 5.500 metros. Solamente este yacimiento contiene m¨¢s n¨ªquel, manganeso y cobalto que todos los recursos terrestres juntos. Otras zonas de potencial inter¨¦s son la cuenca central del oc¨¦ano ?ndico y las zonas econ¨®micas exclusivas de las Islas Cook, Kiribati y Polinesia Francesa.
Los sulfuros polimet¨¢licos (tambi¨¦n denominados sulfuros masivos del lecho marino o SMS) son ricos en cobre, hierro, cinc, plata y oro. Los dep¨®sitos se encuentran en los bordes de las placas tect¨®nicas situadas a lo largo de las dorsales centroce¨¢nicas, las crestas de retroarco y los arcos volc¨¢nicos activos, normalmente a profundidades de unos 2.000 metros con respecto a las dorsales centroce¨¢nicas. Estos dep¨®sitos se formaron durante miles de a?os por efecto de la actividad hidrotermal, conforme los metales precipitados presentes en el agua eran expulsados de la corteza terrestre por fuentes termales cuya temperatura llegaba hasta los 400?C. Debido a los penachos negros que genera la actividad, estas fumarolas submarinas suelen denominarse "chimeneas negras". Las fumarolas submarinas activas forman ecosistemas ¨²nicos. Las bacterias quimiosint¨¦ticas, que utilizan el sulfuro de hidr¨®geno como fuente de energ¨ªa, constituyen el primer eslab¨®n de la red alimentaria de la fumarola, que se compone de una variedad de an¨¦lidos tub¨ªculos gigantes, crust¨¢ceos, moluscos y otras especies. Muchas de las especies de las fumarolas se consideran end¨¦micas de estos emplazamientos, por lo que se considera que los h¨¢bitats de las fumarolas submarinas tienen un valor cient¨ªfico intr¨ªnseco.
Las costras cob¨¢lticas se acumulan a profundidades marinas de entre 400 y 7.000 metros, en los costados y en las cimas de los montes submarinos. Se forman por la precipitaci¨®n de minerales presentes en el agua de mar y contienen hierro, manganeso, n¨ªquel, cobalto, cobre y otros elementos met¨¢licos y tierras raras. A nivel mundial, se calcula que puede haber hasta 100.000 montes submarinos de m¨¢s de 1.000 metros, aunque relativamente pocos resultan adecuados para la extracci¨®n de costra cob¨¢ltica. La zona de prospecci¨®n de costra cob¨¢ltica m¨¢s prometedora se encuentra en los montes submarinos de Magallanes en el oc¨¦ano Pac¨ªfico, al este del Jap¨®n y las Islas Marianas.
De conformidad con la CNUDM, la exploraci¨®n y la explotaci¨®n de los minerales de los fondos marinos en la Zona solo pueden llevarse a cabo subscribiendo un contrato con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos y con sujeci¨®n a sus normas, reglamentos y procedimientos. Pueden adjudicarse contratos a empresas mineras tanto p¨²blicas como privadas, siempre y cuando est¨¦n patrocinadas por un Estado parte de la CNUDM y cumplan determinados requisitos de capacidad tecnol¨®gica y financiera. En ¨²ltima instancia, las ventajas econ¨®micas de la explotaci¨®n minera de los fondos marinos, muy probablemente en forma de regal¨ªas abonadas a la Autoridad, deben ser compartidas en "beneficio de la humanidad en su conjunto", con especial ¨¦nfasis en los pa¨ªses en desarrollo, que carecen de tecnolog¨ªa y capital para explotar por s¨ª mismos los minerales de los fondos marinos.
La Autoridad ha elaborado reglamentos, que incluyen disposiciones relativas a la protecci¨®n ambiental, para regular las actividades de exploraci¨®n. Hasta la fecha ha aprobado 28 contratos de exploraci¨®n en los oc¨¦anos Pac¨ªfico, ?ndico y Atl¨¢ntico, que abarcan m¨¢s de 1,3 millones de km2 de fondo oce¨¢nico. En enero de 2017, Polonia solicit¨® el 29? contrato de exploraci¨®n. Estos contratos los pueden suscribir los Estados partes en la CNUDM y las empresas patrocinadas por ellos. Entre los Gobiernos nacionales que participan est¨¢n los de Alemania, China, la Federaci¨®n de Rusia, Francia, la India, el Jap¨®n y la Rep¨²blica de Corea y los que pertenecen a la Organizaci¨®n Conjunta Interoceanmetal (un consorcio formado por Bulgaria, Cuba, Eslovaquia, la Federaci¨®n de Rusia, Polonia y la Rep¨²blica Checa). Tambi¨¦n se han adjudicado contratos a un grupo cada vez m¨¢s numeroso de empresas privadas patrocinadas por los Estados partes desarrollados y en desarrollo, incluidos los peque?os Estados insulares en desarrollo como las Islas Cook, Kiribati, Nauru, Singapur y Tonga.
Ahora, la prioridad principal de la Autoridad es elaborar un r¨¦gimen jur¨ªdico para la explotaci¨®n de estos recursos. Esto implica tener en cuenta una serie de cuestiones tecnol¨®gicas, financieras y ambientales. Aunque habr¨¢ variantes tecnol¨®gicas en el equipo de extracci¨®n requerido para cada tipo de yacimiento de mineral, el concepto b¨¢sico y la metodolog¨ªa para la extracci¨®n son similares. En todos los casos, un veh¨ªculo colector entrar¨¢ en contacto con el fondo marino y recoger¨¢ los dep¨®sitos minerales. En el caso de los SMS y de las costras cob¨¢lticas, la extracci¨®n requerir¨¢ cortar o romper los yacimientos de minerales desde el substrato. Los n¨®dulos pueden recogerse directamente en el lecho marino. En todos los casos, los materiales extra¨ªdos junto con el agua de mar se llevar¨¢n hasta la superficie mediante un sistema de elevaci¨®n y ser¨¢n transportados hasta una nave de apoyo. All¨ª, el mineral se separar¨¢ del agua de mar y ser¨¢ transportado a las plantas de tratamiento en tierra.
Como organismo regulador, puede que la principal preocupaci¨®n de la Autoridad sea encontrar la forma de equilibrar los beneficios sociales de la explotaci¨®n minera de los fondos marinos, como son el acceso a los minerales esenciales, la falta de desplazamiento de las comunidades, la investigaci¨®n en aguas profundas y el desarrollo tecnol¨®gico, por una parte, con la necesidad de proteger el medio marino, por otra. Por supuesto, el hecho de que ninguna parte de la Zona pueda ser explotada sin el permiso de la Autoridad garantiza que los impactos ambientales de la explotaci¨®n minera de los fondos marinos ser¨¢n vigilados y controlados por un organismo internacional. Esto por s¨ª mismo refleja un enfoque de precauci¨®n en la explotaci¨®n de los fondos marinos. Sin embargo, es evidente que la explotaci¨®n minera afectar¨¢ al medio marino de alg¨²n modo, especialmente en las proximidades inmediatas de las operaciones de extracci¨®n. Entre los impactos cabe citar la destrucci¨®n de organismos vivos, la desaparici¨®n del h¨¢bitat del sustrato y la creaci¨®n de penachos de sedimentos. Tambi¨¦n pueden provocarse otros da?os ambientales a causa del mal funcionamiento del sistema de elevaci¨®n y transporte, fugas hidr¨¢ulicas y contaminaci¨®n ac¨²stica y lum¨ªnica. Gran parte de la labor de la Autoridad se ha centrado hasta la fecha en exigir a los contratistas encargados de la exploraci¨®n que recopilen datos de referencia, especialmente sobre la composici¨®n y la distribuci¨®n de las especies de las aguas profundas, y que realicen investigaciones cient¨ªficas para comprender mejor los posibles efectos a largo plazo de la explotaci¨®n minera de los fondos marinos.
La aprobaci¨®n de la CNUDM en 1982 fue uno de los mayores logros de las Naciones Unidas. Una de las contribuciones m¨¢s importantes de la Convenci¨®n es que situ¨® m¨¢s del 50% del fondo marino bajo jurisdicci¨®n internacional, fuera del alcance de cualquier Estado en particular. Aunque ha costado m¨¢s de 50 a?os de esfuerzos multilaterales empezar a materializar la promesa del "patrimonio com¨²n de la humanidad" concebida por el Embajador Pardo y consagrada en la CNUDM, las perspectivas de una explotaci¨®n sostenible de los recursos minerales de los fondos marinos son mejores ahora que en cualquier otro momento de los ¨²ltimos 30 a?os. Si se gestiona de forma eficaz, respetando los principios del estado de derecho como dispone la Convenci¨®n, la explotaci¨®n minera de los fondos marinos puede contribuir a la consecuci¨®n del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, especialmente para los pa¨ªses sin litoral y en situaci¨®n geogr¨¢fica desventajosa y para los peque?os Estados insulares en desarrollo que dependen principalmente del oc¨¦ano y sus recursos para su desarrollo econ¨®mico.?
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La Cr¨®nica?ONU??no?constituye un registro oficial. Tiene el privilegio de acoger a los altos funcionarios de las Naciones Unidas, as¨ª como a distinguidos colaboradores de fuera del sistema de las Naciones Unidas cuyas opiniones no son necesariamente las de las Naciones Unidas. Del mismo modo, las fronteras y los nombres que se muestran y las designaciones utilizadas en los mapas o en los art¨ªculos no implican necesariamente un apoyo o una aceptaci¨®n por parte de las Naciones Unidas.?



